martes, febrero 01, 2005

PRÁCTICAMENTE A LA MISMA HORA en que se cerraban los colegios electorales de Iraq, se abría la gala de los Goya en Madrid. César Alonso de los Ríos lo califica de terrible coincidencia:
Hace un año, los cineastas progresistas tuvieron un papel político de primer orden. Levantaron una barricada de odio contra el Gobierno de Aznar, contra el imperialismo americano y en la defensa real de Sadam Husein y de Bin Laden. Se entregaron a una labor de agitación política, pocas veces igualada por un sector del mundo de la cultura, incluido el franquismo, e inestimable en la práctica para las organizaciones terroristas que intentan impedir las soluciones de paz en Oriente Próximo. A estas alturas el balance político/cultural no es muy favorable. Les ha salido bien el triunfo del PSOE y mal todo lo demás: el relevo de Arafat, la victoria aplastante de Bush y la celebración de unas elecciones democráticas en Irak. Desde el punto de vista de la industria del cine, el rechazo de una parte de la sociedad española mensurable en una pérdida de tres millones de asistencias.
ACTUALIZACIÓN. Hermann Tertsch, el mismo día, coincide (registro o Bugmenot.com):
Cuando comenzó en Madrid ese anual plagio ajoarriero de la gala de los Oscar ya habían cerrado los colegios electorales en aquel gran país árabe.
Je.